El 12 de enero de 2026, la pluma del gobernador Phil Murphy trazó una firma que podría cambiar el marco de un debate nacional. No se trataba de impuestos o infraestructura tradicional, sino de algo que, hasta hace poco, ocupaba un espacio nebuloso entre el rumor y el informe técnico: los Fenómenos Aéreos No Identificados (UAPs, por sus siglas en inglés). Con la firma del Proyecto de Ley A-5712, Nueva Jersey se convirtió en el primer estado de la Unión en destinar fondos específicos de su tesorería –3.5 millones de dólares– a investigar estos fenómenos desde el ámbito universitario.
La medida no surgió de un interés por lo fantástico, sino de una preocupación pragmática expresada en las audiencias. Pilotos comerciales y veteranos militares, como el ex aviador naval Ryan Graves, han descrito encuentros con objetos que exhiben capacidades de vuelo desconocidas, presentando un desafío claro para la seguridad del espacio aéreo. “Si todos pudieran ver los datos de sensores y videos que he presenciado”, testificó Graves ante los legisladores, “nuestra conversación nacional podría cambiar de la noche a la mañana”.
Un Puente entre el Estigma y la Ciencia
Durante décadas, el principal obstáculo para estudiar los UAPs no fue necesariamente la falta de evidencia, sino un estigma profesional profundo. Reportar una observación podía acarrear dudas sobre la competencia o la cordura del profesional. Esta legislación, apoyada públicamente por la organización Americans for Safe Aerospace (ASA), busca disipar esa bruma al llevar la investigación al dominio de la academia. Al financiar un centro universitario, el tema se traslada del ámbito de lo secreto y lo especulativo al de la metodología científica, la revisión por pares y la publicación abierta.
Los 2.5 millones de dólares anuales asignados para el futuro Centro para el Estudio de UAPs tienen un requisito logístico clave: la universidad que lo albergue debe participar en la Iniciativa Federal de Capacitación en Sistemas de Aeronaves No Tripuladas. Este no es un detalle menor. Vincula la investigación de lo no identificado con el campo de los drones y la aviación avanzada, anclando el trabajo en tecnologías contemporáneas y en la formación de la próxima generación de expertos en espacio aéreo.
Más Allá de los Objetos Voladores: Fortaleciendo la Columna Vertebral de la Aviación
La otra parte significativa de la inversión, un millón de dólares, atiende un problema terrenal y urgente: la escasez nacional de controladores de tránsito aéreo. El programa ofrece condonación de préstamos estudiantiles para atraer a nuevos profesionales a esta carrera crítica. Esta dualidad en la ley es reveladora. No se presenta como una caza de ovnis, sino como un paquete integral de seguridad aérea. Aborda tanto los desafíos convencionales como los no convencionales que comparten el mismo cielo, reconociendo que la preparación para lo desconocido comienza por fortalecer los sistemas que ya conocemos.
El Modelo de Nueva Jersey y el Futuro de la Investigación
El éxito de esta iniciativa en Nueva Jersey podría establecer un precedente. Legisladores de otros estados con industrias aeroespaciales robustas, espacio aéreo complejo o importantes instituciones de investigación ya observan. La ASA ha expresado su compromiso de apoyar a aquellos que busquen replicar el modelo, ofreciendo asesoría técnica y testimonios. La visión es una red descentralizada de centros de investigación estatales, cada uno aportando perspectivas regionales y operando con una transparencia que los programas federales clasificados no pueden ofrecer.
Los próximos 120 días son cruciales. El Secretario de Educación Superior de Nueva Jersey debe publicar la convocatoria para que las universidades públicas presenten sus propuestas. Una institución en condados como Bergen o Essex podría pronto albergar el primer centro de su tipo, donde profesores y estudiantes analicen datos, desarrollen protocolos de reporte y, quizás lo más importante, normalicen el estudio científico de un fenómeno que ha permanecido demasiado tiempo en los márgenes.
Esta firma en una ley estatal no responde, por sí misma, a la pregunta de qué son los UAPs. Pero transforma radicalmente la forma en que una sociedad puede intentar encontrar esa respuesta. Cambia el canal de la conversación, del susurro en pasillos oscuros al debate ilustrado en aulas y laboratorios. En un acto de pragmatismo, Nueva Jersey ha dado el primer paso para quitarle el misterio al proceso, si no aún al fenómeno.

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