martes, 17 de febrero de 2026

Luces, golpes y silbidos: los fenómenos inexplicables que astronautas presenciaron en el espacio


 El módulo orbitaba en silencio absoluto. De repente, un sonido extraño rompió la quietud: algo golpeaba el casco como si un martillo de madera chocara contra un cubo de hierro. El astronauta chino Yang Liwei miró a su alrededor, inspeccionó cada rincón de la nave y no encontró nada. No había explicación lógica. El espacio, ese vacío donde el sonido no debería viajar, le estaba jugando una mala pasada. O quizás no.

La experiencia de Liwei durante la misión Shenzhou-5 en 2003 no es un caso aislado. Desde los albores de la exploración espacial, los humanos que han salido de la órbita terrestre regresan con historias que desbordan los límites de lo comprensible. No son relatos de ciencia ficción, sino anotaciones en bitácoras oficiales y testimonios grabados que la NASA, Roscosmos y otras agencias espaciales han archivado durante décadas.

El objeto que persiguió a Gordon Cooper

Corría 1963 cuando el astronauta Gordon Cooper completaba su vigesimosegunda órbita a bordo del Mercury-Atlas 9. De repente, un objeto verdoso brillante apareció en su campo visual y comenzó a aproximarse con una trayectoria deliberada. No se trataba de un resto de basura espacial flotando a la deriva. El objeto se movía con intención, como si quisiera acercarse a la cápsula.

Lo más desconcertante: las estaciones de seguimiento en Tierra también lo detectaron. Algo estaba allí arriba, volando junto a Cooper, y hasta el día de hoy nadie ha podido explicar qué era.

La lata de cerveza con lápiz de Jim McDivitt

Dos años después, durante la misión Gemini 4, el astronauta Jim McDivitt observó un objeto cilíndrico blanco justo fuera de la nave. Tenía una protuberancia extraña que le recordó a una lata de cerveza con un lápiz adherido. McDivitt tomó su cámara y disparó varias fotografías, pero cuando revelaron el carrete, las imágenes eran borrosas, inútiles para cualquier análisis científico.

Durante años, McDivitt especuló que pudo haber sido un reflejo del casco en la portilla, una ilusión óptica provocada por las condiciones extremas del entorno. Pero nunca lo aseguró por completo. La duda sigue ahí, flotando como aquel objeto.

La música de la Luna

La misión Apolo 10 de 1969 se preparaba para hacer historia cuando algo inesperado interrumpió la comunicación con Houston. Los astronautas, mientras orbitaban la cara oculta de la Luna, comenzaron a escuchar unos silbidos extraños, como una música de otro mundo que entraba por los auriculares durante los periodos de silencio de radio.

"Suena como música de las estrellas", comentó uno de ellos en las transcripciones desclasificadas años después. La NASA explicó que se trataba de interferencias de radio entre los transmisores de la nave. Sin embargo, para muchos, esos sonidos nunca han dejado de ser un misterio.

La luz que acompañó al Apolo 11

Buzz Aldrin siempre ha sido claro: lo que vio mientras se aproximaba a la Luna no era una nave extraterrestre. Durante la misión que llevaría al hombre por primera vez al suelo lunar, Aldrin observó una luz que se movía cerca de la nave. Su explicación fue pragmática: probablemente se trataba de un componente separado del cohete. Pero en internet, las teorías han tomado otro rumbo, alimentando la idea de que los primeros humanos en llegar a la Luna no viajaban solos.

La compañía de Ron Evans

La ingeniera biomédica de la NASA Joanne Donaldson contó una historia que los archivos oficiales no recogen. Según su testimonio, el astronauta Ron Evans, durante el Apolo 17 en 1972, respondió de manera inquietante cuando le preguntaron si se sentía solo mientras sus compañeros descendían a la superficie lunar. Evans permanecía en órbita, aislado en la nave, y su respuesta fue: "No, no me siento solo. Tengo compañía".

Donaldson aseguró que Evans describió un objeto con forma de cigarro de entre 12 y 13 metros de largo, y que dudaba que pudiera ser tecnología soviética. La NASA nunca ha confirmado oficialmente esta historia, pero circula como uno de los testimonios más enigmáticos jamás atribuidos a un astronauta.

Las serpientes espaciales de Story Musgrave

Entre 1983 y 1996, el astronauta Story Musgrave voló en varias misiones del transbordador espacial. En dos ocasiones distintas, observó objetos alargados, blancos, con forma de serpiente, moviéndose con determinación fuera de la nave. Medían entre dos y tres metros y se desplazaban como si tuvieran un propósito.

La NASA sugirió que probablemente eran restos de cohetes que reflejaban la luz solar. Pero quienes conocen el rigor de las observaciones de Musgrave —un astronauta con seis misiones a sus espaldas y un entrenamiento exhaustivo— se preguntan cómo pudo confundir basura espacial con organismos serpentinos en movimiento.

El hueso de perro de Chris Cassidy

Ya en la era de la Estación Espacial Internacional, el astronauta Chris Cassidy reportó un objeto no identificado a la deriva cerca del complejo orbital. Desde la distancia, parecía un hueso de perro flotando en la negrura. Los cazadores de ovnis celebraron el avistamiento como una prueba irrefutable.

Roscosmos, la agencia espacial rusa, respondió con rapidez: era la cubierta de una antena desprendida del módulo Zvezda durante tareas de mantenimiento. Otra vez, lo inexplicable encontraba una explicación terrenal. Pero la imagen del hueso flotando ya había quedado grabada en el imaginario colectivo.

Destellos en la oscuridad

Hay fenómenos que ocurren dentro de los propios astronautas. Quienes han pasado tiempo en la EEI o en misiones orbitales reportan con frecuencia destellos de luz en la oscuridad, incluso con los ojos cerrados. Son rayos cósmicos de alta energía que impactan directamente en la retina, y el cerebro interpreta ese impacto como un fogonazo luminoso.

Aunque la ciencia explica el mecanismo, la experiencia sigue siendo inquietante: en el silencio absoluto, sin ninguna fuente externa, la luz aparece de la nada, como si el universo recordara a los astronautas que allí arriba las reglas cambian.

El golpe que persiste

La experiencia de Yang Liwei durante la Shenzhou-5 no fue única. Misiones chinas posteriores, en 2005 y 2008, reportaron sonidos similares. Golpes secos, como percusiones contra el casco, sin fuente visible ni explicación satisfactoria.

Los ingenieros han propuesto teorías: expansión térmica de los materiales, cambios bruscos de presión, deformaciones estructurales. Pero quienes escucharon esos golpes saben que la teoría no siempre calma el escalofrío.

El espacio es un entorno tan extremo que lo extraordinario puede volverse cotidiano sin dejar de ser desconcertante. Los astronautas entrenan durante años para enfrentarse a lo desconocido, pero nada los prepara del todo para esas experiencias que desafían cualquier manual. Luces que se mueven con intención, sonidos que no deberían existir, objetos que acompañan en la soledad orbital.

Algunos de estos fenómenos tienen explicación. Otros, no. Y quizás lo más inquietante no sea que existan misterios sin resolver, sino que quienes los vivieron aprendieron a convivir con ellos, a aceptar que el espacio siempre será más extraño de lo que podemos imaginar.

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