En 1962, Frank Drake reunió en un observatorio de Virginia Occidental a un puñado de científicos para una conversación que duraría décadas. El astrónomo estadounidense trazó en una pizarra una ecuación que intentaba calcular cuántas civilizaciones inteligentes podrían estar enviando señales al vacío en este mismo instante. Siete variables. Siete incógnitas. Siete puertas hacia lo desconocido.
Misterio Desconocido
miércoles, 11 de febrero de 2026
Los archivos sumergidos: 21 contactos con lo desconocido en los registros militares de EE.UU.
En el silencio de la sala de sonar, entre las lecturas del océano profundo y los perfiles acústicos de buques de guerra, aparecía algo que no debía estar allí. Una señal. Rápida, coherente, mecánica. Pero no provenía de ningún barco conocido, ni de ningún submarino aliado o enemigo. En la bitácora, el operador anotaba una sola palabra: “No identificado”. Luego, el expediente se cerraba y se archivaba.
La alfombra oculta que acelera el deshielo de Groenlandia
A casi mil kilómetros del Círculo Polar Ártico, trescientas setenta y tres estaciones sísmicas dispersas sobre la capa de hielo más grande del hemisferio norte comenzaron a registrar algo inesperado. No era un terremoto ni una fractura. Era un susurro sordo, como si el suelo respondiera de manera distinta bajo el peso de los glaciares. Algo blando, húmedo y profundo estaba allí abajo. Y los científicos no lo habían visto venir.
El Roswell ruso: La noche en que una bola de fuego cayó sobre Dalnegorsk
El último habitante de la Tierra no será humano: la ciencia tiene nombre y ocho patas
Mientras los informes sobre catástrofes climáticas se acumulan y los boletines noticiosos alternan entre tensiones geopolíticas y el paso cercano de asteroides, una pregunta incómoda se abre paso entre los científicos que estudian el fin del mundo: ¿qué pasaría si, tras todo eso, alguien se queda?




