martes, 17 de febrero de 2026

Luces, golpes y silbidos: los fenómenos inexplicables que astronautas presenciaron en el espacio


 El módulo orbitaba en silencio absoluto. De repente, un sonido extraño rompió la quietud: algo golpeaba el casco como si un martillo de madera chocara contra un cubo de hierro. El astronauta chino Yang Liwei miró a su alrededor, inspeccionó cada rincón de la nave y no encontró nada. No había explicación lógica. El espacio, ese vacío donde el sonido no debería viajar, le estaba jugando una mala pasada. O quizás no.

El combustible que delata a las civilizaciones alienígenas



 El radiotelescopio de Arecibo ya no existe. El de Green Bank sigue escuchando el cosmos. Durante setenta años, los científicos han apuntado sus antenas hacia las estrellas esperando captar esa señal inequívoca: un pulso, una modulación, un saludo interestelar. Pero quizás han estado buscando en la dirección equivocada. No en las frecuencias, sino en la geología.

miércoles, 11 de febrero de 2026

¿Viven entre nosotros seres de otro universo? La nueva hipótesis que sacude la astrofísica


 En 1962, Frank Drake reunió en un observatorio de Virginia Occidental a un puñado de científicos para una conversación que duraría décadas. El astrónomo estadounidense trazó en una pizarra una ecuación que intentaba calcular cuántas civilizaciones inteligentes podrían estar enviando señales al vacío en este mismo instante. Siete variables. Siete incógnitas. Siete puertas hacia lo desconocido.

Los archivos sumergidos: 21 contactos con lo desconocido en los registros militares de EE.UU.


 En el silencio de la sala de sonar, entre las lecturas del océano profundo y los perfiles acústicos de buques de guerra, aparecía algo que no debía estar allí. Una señal. Rápida, coherente, mecánica. Pero no provenía de ningún barco conocido, ni de ningún submarino aliado o enemigo. En la bitácora, el operador anotaba una sola palabra: “No identificado”. Luego, el expediente se cerraba y se archivaba.

La alfombra oculta que acelera el deshielo de Groenlandia

 


A casi mil kilómetros del Círculo Polar Ártico, trescientas setenta y tres estaciones sísmicas dispersas sobre la capa de hielo más grande del hemisferio norte comenzaron a registrar algo inesperado. No era un terremoto ni una fractura. Era un susurro sordo, como si el suelo respondiera de manera distinta bajo el peso de los glaciares. Algo blando, húmedo y profundo estaba allí abajo. Y los científicos no lo habían visto venir.