jueves, 29 de enero de 2026

La arena olvidada de Marte: Perseverance desentierra los restos de una playa primigenia

 


En la inmensidad quieta del cráter Jezero, donde el polvo rojo cubre todo como un manto perpetuo, el explorador Perseverance se desplaza lentamente. Sus ruedas dejan huellas transitorias sobre un paisaje que, bajo una luz distinta y en un tiempo inimaginable, pudo haber sido acariciado por olas. Recientes análisis de las rocas bajo sus cámaras y espectrómetros no solo confirman la presencia pasada de agua; han delineado la topografía de una costa. Los datos apuntan a algo concreto y, a la vez, profundamente evocador: una playa marciana.

Un lago en el abismo

Hace unos tres mil quinientos millones de años, el cráter Jezero no era una cicatriz árida. Un vasto lago, alimentado por canales fluviales, llenaba su depresión. Durante años, el interés científico se centró en una formación geológica llamada la Unidad de Margen, una franja rica en carbonatos que bordea el interior del cráter. La presencia de carbonatos siempre fue una pista clave, ya que estos minerales suelen formarse en interacción con agua líquida y son excelentes cápsulas del tiempo para preservar materia orgánica. Sin embargo, su origen exacto era un enigma. ¿Eran sedimentos depositados en el lecho del lago, o roca volcánica transformada posteriormente?

El subsuelo en ebullición

Las imágenes de alta resolución enviadas por Perseverance entre 2023 y 2024 ofrecen una respuesta compleja. Gran parte de la Unidad de Margen tuvo un origen ígneo: se solidificó a partir de magma, quizás de un lago de lava dentro del propio cráter. Pero después, durante extensos periodos, esta roca basáltica fue permeada por aguas subterráneas ricas en CO2. En un proceso similar al observado en sistemas hidrotermales terrestres, minerales como el olivino se transformaron en carbonatos de hierro y magnesio. Este escenario revela una actividad hídrica prolongada y profunda bajo la superficie, un entorno que en la Tierra suele considerarse hospitalario para la vida microbiana.

La línea de costa emerge

El hallazgo más revelador, sin embargo, no está en las profundidades, sino en lo que fue la superficie. En zonas más bajas de la unidad, el robot encontró areniscas estratificadas con granos redondeados del tamaño de la arena, compuestos de olivino y carbonato. La morfología de estos sedimentos es inequívoca: presentan las estructuras onduladas características depositadas por el oleaje en una zona costera. Son, en esencia, el registro fósil de una playa. Esta línea de costa antigua se sitúa, significativamente, en una capa geológica más antigua que el famoso delta fluvial del Jezero.

Reescribiendo la cronología de la habitabilidad

La ubicación estratigráfica de esta playa cambia la línea del tiempo. Indica que el lago marciano ya había alcanzado un estado de calma y estabilidad, con condiciones potencialmente habitables, antes de que el río principal construyera su delta en el cráter. Esto sugiere que las ventanas de oportunidad para la vida en Marte se abrieron antes y permanecieron abiertas durante más tiempo del que se estimaba. El descubrimiento se complementa con evidencias previas de lagos incluso más antiguos en la cuenca, pintando un cuadro de un sistema acuático dinámico y persistente.

Las muestras que guardan el veredicto final

La confirmación última puede estar encerrada en los tubos de titanio que Perseverance ya ha sellado. Tres núcleos de perforación de la Unidad de Margen y una muestra de la formación "Ángel Brillante" aguardan su viaje a la Tierra en la ambiciosa, aunque ahora financieramente incierta, Misión de Retorno de Muestras de Marte. Su análisis en laboratorios terrestres podría permitir una datación precisa, un desglose químico exhaustivo y una búsqueda dirigida de biofirmas. Sería la oportunidad de determinar no solo cuándo fluyó el agua, sino si algo vivió en ella.

El cráter Jezero, elegido no al azar, consolida su estatus como el archivo geológico más prometedor de Marte. La pregunta sobre si la vida llegó a florecer allí sigue flotando en el fino aire marciano. Pero cada nuevo hallazgo, como estos granos de arena redondeados por un oleaje extinto, no añade solo un dato; añade un escenario. Un lugar concreto donde, contra todo pronóstico actual, la vida pudo haber echado raíces. La evidencia ya no es solo química o geológica; es, casi, tangible.


Estudio

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