miércoles, 21 de enero de 2026

Un "aerogenerador" a dos kilómetros de altura: China prueba con éxito la primera turbina eólica estratosférica del mundo

 


El horizonte de la provincia de Sichuan, en China, suele estar definido por las verdes montañas y los profundos valles. Recientemente, un nuevo elemento apareció en su cielo, desafiando la concepción tradicional de la infraestructura energética. No se trataba de un avión ni de un dirigible convencional, sino de una estructura blanca y alargada, suspendida a 2000 metros, generando electricidad directamente desde las corrientes de aire de gran altitud. Esta imagen, capturada en un video, documenta el primer vuelo de prueba exitoso del SAWES S2000, la primera turbina eólica estratosférica de 3 megavatios.


Más allá de las torres: La conquista de los vientos de altitud

La energía eólica terrestre y marina depende de torres ancladas al suelo, limitadas por la intensidad y constancia del viento a ras de suelo o a alturas convencionales. El proyecto SAWES (por sus siglas en inglés), desarrollado por la empresa Linyi Yunchuan en colaboración con la Universidad de Tsinghua y el Instituto de Aeronáutica y Astronáutica, plantea una solución radical: llevar el generador hasta donde el viento es más fuerte y persistente. La plataforma AWT, que sirve de base al sistema, no es una torre, sino una estructura aerostática similar a un dirigible, diseñada para alcanzar y mantenerse en una posición estable en la atmósfera media.

Media hora de vuelo, un hito energético

El lunes pasado, el prototipo S2000 completó su misión inaugural. Durante treinta minutos, a una altitud constante de aproximadamente dos kilómetros, la turbina no solo demostró su capacidad de vuelo y estabilidad, sino que logró dos hitos simultáneos. Por primera vez para un dispositivo de esta potencia y tipo, se conectó y entregó energía directamente a la red eléctrica local. En ese breve lapso, generó 385 kilovatios-hora, energía suficiente para cargar por completo las baterías de alrededor de treinta vehículos eléctricos de gama alta. Esta prueba valida el concepto fundamental: la viabilidad técnica de la generación y transmisión de energía desde la estratosfera.

Tecnología aferrada a un cable

La energía no viaja por el aire. La clave del sistema reside en un cable que conecta la plataforma flotante con una estación terrestre. Este cable cumple una doble función: transmite la electricidad generada por los doce turbogeneradores ligeros montados en la estructura y, al mismo tiempo, sirve como anclaje físico y de datos. Para elevar la plataforma, se utiliza helio, un gas inerte y no inflamable. Según Dong Tianrui, desarrollador principal del proyecto, el proceso de reabastecimiento completo del gas requiere actualmente unas ocho horas, aunque las previsiones apuntan a reducir este tiempo a la mitad en futuras iteraciones, optimizando la logística y contenedores especializados.

Un futuro suspendido entre ventajas e incógnitas

La promesa de la energía eólica de gran altitud es significativa: acceso a recursos eólicos más potentes y constantes, reducción del impacto visual y territorial en comparación con los parques eólicos tradicionales, y potencial generación en ubicaciones sin acceso a vientos fuertes en superficie. Sin embargo, el camino desde un prototipo exitoso hasta una implementación comercial y masiva está plagado de desafíos. La durabilidad del material frente a condiciones atmosféricas extremas, la gestión del tráfico aéreo, la seguridad en caso de tormentas o fallos técnicos, y la rentabilidad a gran escala son cuestiones que requieren respuestas. El vuelo del SAWES S2000 no anuncia una revolución inmediata, sino que marca un punto de partida técnicamente sólido para una nueva frontera en energías renovables.

La imagen de esa silueta blanca sobre Sichuan trasciende lo anecdótico. Representa un salto conceptual en la búsqueda humana por aprovechar las fuerzas naturales, llevando la infraestructura energética a una capa de la atmósfera previamente inaccesible. Su éxito inicial no garantiza su omnipresencia futura, pero sí demuestra que la evolución de las energías limpias puede tomar direcciones literalmente elevadas, redefiniendo no solo de dónde viene la electricidad, sino también el paisaje tecnológico del mañana.

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