martes, 20 de enero de 2026

La entrevista que Buzz Aldrin rechazó: una historia inédita sobre el Apollo 11 y lo que vio en el espacio



 En una tranquila localidad de Kentfield, California, el documentalista James Fox compartía un almuerzo con Faye Ann Potter. Ella era artista, corredora de arte y, de manera casi incidental, hermana de una de las figuras más célebres del siglo XX: Buzz Aldrin. La conversación, en un restaurante llamado The Left Bank, derivó hacia el tema que obsesionaba a Fox. Fue entonces cuando ella, con una seriedad que cortó el ruido del comedor, le hizo una revelación bajo juramento: su hermano había visto algo en el trayecto a la Luna. Algo que los siguió. Y se lo contó a ella mucho antes de que cualquier rumor saliera a la luz pública.

Fox, entonces un veinteañero haciendo su primer documental, sintió que tenía entre manos la pieza clave de su carrera. La afirmación de Potter no era un rumor de segunda mano; era el testimonio familiar de un astronauta del Apollo 11. Esa confidencia personal, años más tarde, encontraría un eco público cuando el propio Aldrin admitió, en una entrevista para la BBC, el avistamiento de un objeto no identificado durante la misión lunar. La historia privada y la pública convergían, pero entre ambas quedaba un vacío: la entrevista que nunca fue.

El precio de la credibilidad en Montecarlo

La promesa de una entrevista con Buzz Aldrin se materializó a través de una red de contactos inesperada, que incluía al actor Mickey Rooney. Aldrin accedió a reunirse. El lugar: el lujoso y deslumbrante Montecarlo. Fox, financiando el viaje con esfuerzo propio y acompañado de un pequeño equipo, llegó a una ciudad donde el costo de todo superaba sus cálculos. La espera se extendió días, en un hotel carísimo, con Aldrin posponiendo el encuentro. Finalmente, la cita se fijó para el vestíbulo, sin cámaras. Un primer paso.

La mañana señalada, mientras Fox tomaba un café, un conserje le anunció una llamada telefónica. Al otro lado de la línea, la voz de Aldrin lo cancelaba todo. La razón no era una negación del hecho, sino una cuestión pragmática y política: Paul Allen, cofundador de Microsoft, estaba siendo criticado por su involucramiento en SETI, y Aldrin buscaba financiación para sus propios proyectos espaciales. Hablar de ovnis, admitió, pondría en peligro esa iniciativa. “Mi avistamiento no importa”, le dijo al documentalista. Era un “no” rotundo, pero no un desmentido.

Un encuentro incómodo en la sala verde de Larry King

La historia dio un giro años después. Fox estaba invitado al programa de Larry King para hablar del caso de las Luces de Phoenix junto al exgobernador de Arizona, Fife Symington. En la sala verde, descubrió que otro invitado era Buzz Aldrin. La frustración de Montecarlo regresó con fuerza. Symington tuvo que disuadirlo de confrontar al astronauta en directo, recordándole su estatus de icono nacional. Fox se sentó frente a él, en vivo, conteniendo la historia que conocía y el nombre de su fuente: la propia hermana de Aldrin.

Poco después, Fox llamó a Faye Ann Potter para contarle el incidente. Su respuesta fue reveladora y sombría: “Alguien lo atrapó”, dijo, refiriéndose a su hermano. Poco después, ella falleció sin previo aviso, llevándose consigo la posibilidad de un testimonio grabado. Fox reflexiona ahora sobre aquella oportunidad perdida: no grabar a Potter cuando tuvo la ocasión es uno de sus mayores arrepentimientos profesionales.

El peso del silencio y las preguntas sin respuesta

El relato de Fox se inserta en un mosaico más amplio de declaraciones y comportamientos enigmáticos de los astronautas del Apollo 11. Neil Armstrong, de una parquedad legendaria, ofreció mensajes crípticos sobre “verdades ocultas”. Michael Collins dio respuestas contradictorias sobre la visibilidad de las estrellas desde el espacio. El propio Aldrin, a pesar de su negativa a Fox, confirmó públicamente el avistamiento años más tarde, explicando que la tripulación no lo reportó en su momento por miedo a que cancelaran la misión.

¿Qué provoca ese tipo de silencio? Fox especula, basándose en la actitud que observó en los astronautas a su regreso—una mezcla de conmoción y reserva—. Plantea dos posibilidades igualmente perturbadoras: o fueron instruidos para guardar silencio sobre algo que vieron, o el peso psicológico de una experiencia anómala en el espacio profundo fue abrumador. En cualquier caso, la impresión es que regresaron a la Tierra cargados con una historia que no podían, o no querían, contar completamente.

Más allá del debate: el fenómeno como narrativa humana

La anécdota central de este artículo no busca probar la existencia de vida extraterrestre. En cambio, ilumina la compleja dinámica humana que rodea al fenómeno OVNI en los estratos más altos de la exploración. Muestra la tensión entre la experiencia personal y las presiones institucionales, el conflicto entre el deseo de verdad y el peso del legado y la financiación. La historia de James Fox, Faye Ann Potter y Buzz Aldrin es, en el fondo, una sobre el acceso a la información, la lealtad familiar y las verdades que se balancean en el filo de lo decible.

El hecho de que Aldrin negara la entrevista pero luego admitiera el avistamiento ante otras cámaras sugiere que el fenómeno no es una simple invención, sino un tema lo suficientemente real y sensible como para ser manejado con extrema cautela, incluso por quienes lo han experimentado. La consecuencia es que la historia oficial de la conquista lunar, aquella que celebra un triunfo tecnológico incuestionable, convive con un sedimento de interrogantes personales y relatos en voz baja. Y son esos relatos, transmitidos en restaurantes o cancelados en lujosos vestíbulos, los que tejen una narrativa paralela, más humana y menos pulida, de nuestro primer viaje a otro mundo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario