lunes, 19 de enero de 2026

Un ex analista del Banco de Inglaterra señala "El Banco debe prepararse para la crisis financiera provocada por los extraterrestre"


 En los pasillos de hormigón y cristal del Banco de Inglaterra, los modelos de riesgo analizan escenarios de inflación, recesiones y ciberataques. Los protocolos se acumulan en estanterías digitales, preparados para crisis predecibles dentro de un marco conocido. Sin embargo, una carta enviada al Gobernador Andrew Bailey por una ex analista senior propone un ejercicio de contingencia radicalmente distinto: preparar al sistema financiero para el día en que la humanidad reciba la confirmación oficial de que no estamos solos.

La misiva de Helen McCaw, quien durante una década evaluó amenazas para la estabilidad del banco central, no parte de la ciencia ficción, sino de una lectura fría de declaraciones políticas y desclasificaciones recientes. Su premisa es simple: si la Casa Blanca, u otro gobierno, anunciara la existencia de una inteligencia no humana tecnológicamente avanzada, los mercados globales entrarían en un territorio para el que no existe manual.

Del margen al centro: un debate que gana credibilidad

Hasta hace poco, la posibilidad de vida extraterrestre inteligente era un tema relegado a teorías marginales. Ese estatus ha cambiado. Figuras como el senador Marco Rubio han hablado abiertamente de objetos en espacios aéreos restringidos que “no son nuestros”. La senadora Kirsten Gillibrand impulsa investigaciones oficiales sobre Fenómenos Aéreos No Identificados (UAP, por sus siglas en inglés). Archivos británicos desclasificados revelan intentos militares por comprender tecnología aparentemente extraterrestre. Este goteo constante de información, proveniente de fuentes con autoridad, construye un escenario donde la “divulgación” deja de ser una fantasía para convertirse en una variable política tangible.

McCaw, graduada de Cambridge, argumenta que los bancos centrales operan en la ignorancia sobre este tema. La revelación, según ella, provocaría un “shock ontológico” colectivo: un cuestionamiento profundo de nuestra comprensión de la realidad y nuestro lugar en el cosmos. Y donde la psicología colectiva se resquebraja, los mercados financieros, construidos sobre narrativas y confianza, colapsan.

El pánico del precio: activos en un universo redefinido

¿Cómo se valoran las acciones de una empresa tecnológica cuando una civilización interestelar podría hacerla obsoleta de la noche a la mañana? ¿Qué valor tiene la deuda soberana de una nación frente a una inteligencia que trasciende sus fronteras? McCaw anticipa una volatilidad extrema. Los métodos tradicionales de valoración de activos quedarían inservibles, generando un vacío de confianza.

En este caos, los refugios tradicionales podrían comportarse de maneras impredecibles. El oro físico podría dispararse como el último activo tangible seguro, o desplomarse si se especula con que tecnologías extraterrestres permitirían extraerlo de asteroides, inundando el mercado. El bitcoin y las criptomonedas descentralizadas podrían experimentar una adopción febril por parte de quienes pierdan la fe en los sistemas financieros gubernamentales. Paralelamente, una corrida bancaria sin precedentes colapsaría los sistemas de pago, llevando la inestabilidad de las pantallas de trading directamente a las calles, con la imposibilidad de acceder a dinero o combustibles.

La planificación para lo impensable

El núcleo de la advertencia de McCaw no es afirmar la existencia de extraterrestres, sino señalar una falla en la gestión de riesgos. “Aunque creas que es muy poco probable, es una locura no considerarlo y planificar en consecuencia”, sostiene. Se trata de un llamado a la humilidad institucional. En un mundo donde altos funcionarios discuten seriamente los UAP, ignorar el impacto potencial de una revelación constituye, en sí mismo, un riesgo sistémico.

La resistencia al tema sigue siendo alta, incluso entre sus colegas. Un amigo en el Banco de Inglaterra le confesó: “Helen, te creo, pero espero no tener que vivir en un mundo donde esto salga a la luz”. Esta “cómoda ignorancia” es el mayor obstáculo. McCaw evita los círculos tradicionales ovni, buscando en cambio informar a quienes toman decisiones en gobiernos y bancos centrales.

La última década ha demostrado que lo considerado imposible puede ocurrir. La carta al Banco de Inglaterra expone la última frontera de la preparación financiera: no para un evento económico o geopolítico, sino para uno que redefiniría la propia identidad humana. El silencio oficial sobre el tema, lejos de calmar los mercados, podría estar alimentando la vulnerabilidad para la crisis más singular y transcendental de todas.


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