En la inmensidad quieta del cráter Jezero, donde el polvo rojo cubre todo como un manto perpetuo, el explorador Perseverance se desplaza lentamente. Sus ruedas dejan huellas transitorias sobre un paisaje que, bajo una luz distinta y en un tiempo inimaginable, pudo haber sido acariciado por olas. Recientes análisis de las rocas bajo sus cámaras y espectrómetros no solo confirman la presencia pasada de agua; han delineado la topografía de una costa. Los datos apuntan a algo concreto y, a la vez, profundamente evocador: una playa marciana.
