A casi tres mil kilómetros bajo nuestros pies, en la frontera entre el manto y el núcleo externo, la Tierra guarda un secreto. No son cavernas huecas ni mundos perdidos, sino dos colosales estructuras de material anómalo. Su tamaño rivaliza con el de África, pero su influencia es más sutil y poderosa: durante 265 millones de años, han distorsionado de forma persistente el campo magnético que protege al planeta.







