jueves, 5 de febrero de 2026

Lo que una erupción de hace 120 millones de años le hizo al suelo del Pacífico



 Bajo el aparente sosiego de las aguas más profundas del Pacífico, la corteza terrestre guarda cicatrices de una fiebre planetaria. Hace más de cien millones de años, el planeta experimentó convulsiones que remodelaron océanos y atmósfera. Hoy, el eco de aquel cataclismo ígneo no es solo un recuerdo fosilizado en las rocas; es una firma activa, una alteración fundamental descubierta en la propia armadura oceánica.

Un equipo científico internacional ha descifrado esa firma en la meseta de Ontong Java, una vasta llanura submarina del tamaño de Alaska. Utilizando el lenguaje de las ondas sísmicas, han demostrado que la mayor erupción volcánica conocida no solo construyó una montaña bajo el mar, sino que transformó de raíz la naturaleza de la placa tectónica que la sustenta.

La Sismología como Testigo del Pasado

La clave estuvo en escuchar con precisión extrema. Sismómetros en el lecho marino y en islas circundantes captaron el comportamiento de ondas de alta frecuencia (Po y So) al viajar a través de la litosfera bajo la meseta. Lo que encontraron fue una disonancia reveladora: mientras las ondas Po se propagaban con normalidad, las So se atenuaban de forma anómala. Esta diferencia es crucial, pues las ondas So son sensibles a las propiedades físicas y la estructura interna de los materiales.

Al interpretar estos datos, los investigadores, liderados por Azusa Shito de la Universidad de Ciencias de Okayama, reconstruyeron una imagen inesperada. La placa no es un bloque homogéneo. En su interior, identificaron un complejo entramado de capas horizontales y enjambres de diques verticales—conductos solidificados de magma—que la atraviesan como las venas en un mármol. Esta arquitectura es la prueba física de una invasión a gran escala.

La Pluma Termoquímica: El Arquitecto de la Transformación

El origen de esta transformación se sitúa en las profundidades del manto terrestre. Una columna gigante de material excepcionalmente caliente y químicamente distinto, conocida como pluma termoquímica, ascendió hasta la base de la litosfera. El magma resultante no solo brotó para crear la meseta en superficie; también se inyectó masivamente en la placa oceánica existente, fracturándola y alterando su composición química desde dentro.

Este proceso, denominado refertilización, reintrodujo elementos que la litosfera oceánica había perdido durante su formación. Como explica el estudio publicado en Geophysical Research Letters, la “peridotita agotada” del manto superior recuperó parcialmente su riqueza mineralógica original. Esta alteración química se refleja en otro hallazgo: las velocidades de las ondas sísmicas bajo Ontong Java son notablemente más bajas que en otras placas oceánicas, un sello distintivo de su modificación ígnea.

Un Nuevo Capítulo en la Geodinámica Global

El impacto de este descubrimiento trasciende la historia local del Pacífico. Ofrece un modelo concreto de cómo eventos volcánicos de magnitud planetaria pueden actuar como cirujanos de la corteza terrestre, reconfigurando la litosfera en escalas de tiempo geológico. La placa de Ontong Java dejó de ser un simple pedestal pasivo para convertirse en un participante activo, un archivo geológico cuya composición fue reescrita por el mismo evento que la coronó.

Este hallazgo proporciona un marco para reinterpretar otras grandes provincias ígneas en el mundo, sugiriendo que la alteración profunda de las placas podría ser un efecto común y subestimado de los supervolcanismos. El trabajo, fruto de la colaboración de universidades japonesas, no solo ilumina un pasado remoto, sino que redefine parámetros para entender la evolución continua y dinámica del escudo rocoso sobre el que se asientan los océanos. La Tierra, al parecer, no solo escribe su historia en la superficie, sino que la graba a fuego en sus propias entrañas.

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