martes, 10 de febrero de 2026

La Búsqueda Prohibida: El Pentágono se niega rotundamente a buscar correos electrónicos vinculados al programa secreto "Constelación Inmaculada"


 En una oficina gubernamental, una carta mecanografiada descansa sobre un escritorio. Su contenido, formal y escueto, niega no solo la existencia de un programa secreto llamado "Constelación Inmaculada", sino también la obligación de buscar cualquier rastro de él. La solicitud FOIA 25-F-3827, presentada por The Black Vault, fue cerrada antes de iniciar cualquier búsqueda de correos electrónicos. El Departamento de Defensa argumentó que buscar algo que, según ellos, no existe sería un ejercicio inútil. Esta respuesta, más que cerrar un caso, abrió un intenso debate sobre los límites de la transparencia y la interpretación de la ley.

La Negativa que Despertó Suspicaia

El 26 de enero de 2026, la Oficina del Secretario de Guerra/Estado Mayor Conjunto emitió una decisión inusual. En lugar de realizar una búsqueda en los sistemas del mayor general Derek J. O’Malley—director de Programas Especiales—y luego invocar exenciones por clasificación o seguridad nacional, optaron por un camino más directo: la negación por inexistencia. “No se realizó ninguna búsqueda porque confirmaron que el asunto en sí no existe”, declaró la carta oficial. Para expertos en la Ley de Libertad de Información, esta maniobra resultó atípica. La FOIA opera sobre la base de la existencia de registros, no sobre la veracidad de las afirmaciones que esos registros podrían contener.

Del Testimonio al Vacío Legal

La frase "Constelación Inmaculada" entró en el léxico público durante una audiencia del Congreso sobre Fenómenos Anómalos en noviembre de 2024. La congresista Nancy Mace presentó un documento que la mencionaba, con origen en las denuncias de Matthew Brown. Posteriormente, periodistas como Michael Shellenberger analizaron sus posibles vínculos con investigaciones sobre fenómenos aéreos no identificados. Curiosamente, la propia Oficina del Director de Inteligencia Nacional había generado un documento interno que resumía la cobertura de prensa sobre el programa, acompañado de una negativa formal. Este hecho demuestra un principio clave: las agencias suelen crear registros internos para gestionar aclaraciones o negaciones, independientemente de la realidad del asunto subyacente.

Un Precedente Peligroso para la Transparencia

La negativa del Pentágono trasciende el caso específico. Establece un potencial precedente donde cualquier solicitud FOIA sobre un programa clasificado o controvertido podría ser rechazada con el simple argumento de su inexistencia declarada. Los críticos señalan que esto confunde la obligación legal con la postura política de una agencia. La ley exige buscar y procesar registros; no permite que una agencia actúe como juez definitivo de lo que es real antes de siquiera revisar sus propios archivos. Si este criterio se generaliza, un amplio espectro de investigaciones periodísticas y civiles sobre operaciones sensibles podría encontrar un muro infranqueable.

El Futuro de la Rendición de Cuentas

El caso 25-F-3827 queda en un limbo legal. Mientras el Pentágono mantiene su postura, la discusión se traslada a la esfera de la filosofía legal y la rendición de cuentas democrática. ¿Puede una agencia eludir la revisión simplemente negando la premisa de una pregunta? La situación revela una tensión permanente entre el secreto necesario para la seguridad y el derecho público a la supervisión. La ausencia de búsqueda no resuelve el misterio de "Constelación Inmaculada"; en cambio, transforma la pregunta original sobre un programa secreto en una interrogante más profunda sobre los mecanismos diseñados para evitar el secreto absoluto.

La transparencia, en última instancia, no se mide solo por lo que se revela, sino por los procedimientos que se siguen cuando se pide una revelación. La decisión de no buscar correos electrónicos con una frase específica, a pesar de que esa frase ya circula en documentos oficiales y testimonios, sugiere que el mayor secreto podría no ser la naturaleza de un programa, sino la metodología para mantener cualquier rastro de él fuera del alcance de una solicitud legalmente válida. El silencio administrativo, en este caso, habla con una elocuencia propia.

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