La madrugada del agosto de 1967 en Huyton transcurría en el silencio fracturado solo por el rumor ocasional de un coche lejano. Andrea, de nueve años, se despertó sobresaltada. Un zumbido penetrante, mecánico y ajeno, llenaba su habitación. No era un avión, ni un coche. Su madre, al descorrer las cortinas, contuvo el aliento. A la altura del tejado, un objeto con forma de peonza brillaba con un inquietante color esmeralda. Diez segundos después, desapareció, dejando solo perplejidad y un relato que se uniría a un archivo extraño y persistente. Más de medio siglo después, ese archivo se expande a un ritmo acelerado.
Un incremento silencioso en los registros oficiales
Según datos obtenidos mediante la Ley de Libertad de Información, la Policía de Merseyside registró 34 informes relacionados con objetos voladores no identificados y fenómenos asociados en 2025. La cifra duplica exactamente los 17 casos del año anterior, marcando un aumento del cien por cien en un solo ejercicio. Estos registros, a menudo telegráficos y burocráticos, esconden detrás historias como la de Gideon Allen. A finales de 2024, con una fuerte resaca navideña, Gideon observó en el cielo del Triángulo Báltico un orbe que cambiaba de color. Su movimiento, según describió, desafiaba la física convencional: zigzagueos, paradas en seco, aceleraciones imposibles. “No planeaba como un avión ni flotaba como un helicóptero”, aseguró. Allen, quien se define como un brujo a tiempo parcial, predijo entonces que Liverpool se convertiría en un foco de actividad. “Muchas personas me dijeron que vieron orbes en ese momento, pero no quisieron informar”, comentó, sugiriendo que las cifras oficiales podrían ser solo la parte visible.
La sombra alargada de 1967
La oleada actual encuentra un espejo nítido en el pasado. Los archivos periodísticos y los estudios de investigadores locales como Tom Slemen detallan que Merseyside vivió su primer “flap” o concentración masiva de avistamientos en 1967. Aquel año, los relatos se multiplicaron. Desde el hombre de Essex Road que, al ir al baño, vio un enorme círculo luminoso sobre Whiston Lane, hasta el gerente Peter Murphy y varios agentes de policía que persiguieron una “placa en el cielo” con aura azul sobre Croxteth. El Liverpool Echo llegó a publicar titulares de primera plana hablando de un “plato en el cielo”. Slemen, autor prolífico de lo paranormal, siempre ha sostenido que la región tiene una relación peculiar con este tipo de fenómenos, una especie de imán para lo desconcertante.
Entre el estigma, la cultura y el cielo
Interpretar este repunte plantea más preguntas que respuestas. Los expertos en percepción social apuntan a varios factores posibles. El fácil acceso a cámaras de alta definición en teléfonos móviles permite capturar y compartir anomalías con facilidad. La desclasificación de documentos militares sobre fenómenos aéreos no identificados en países como Estados Unidos ha normalizado parcialmente la conversación, reduciendo el estigma a la hora de informar. La rica cultura popular de la región, con su historia portuaria de encuentros con lo diverso y su vibrante vida social, quizá también genere un caldo de cultivo donde lo extraordinario encuentra un espacio narrativo. Gideon Allen lo resume con una broma: “Vienen porque Liverpool es un lugar divertido para vivir y quizá quieran mudarse”. Pero más allá del folclore, el aumento constante de informes ante una autoridad como la policía obliga a considerar que algo, sea físico, psicológico o social, está cambiando en la forma en que la comunidad observa e interpreta su propio cielo.
La persistencia del punto de interrogación
El fenómeno OVNI en Merseyside se resiste a una explicación única. No es solo un tema de creyentes versus escépticos; es una crónica social tejida con hilos de tecnología, historia local, psicología colectiva y, quizá, un misterio aún por descifrar. Las cifras de 2025 no prueban una visita extraterrestre, pero sí documentan un hecho incontrovertible: un número creciente de personas ve algo en el cielo que no logra identificar, y recurre a las autoridades para dejar constancia. Es un grito de perplejidad moderno, eco del que lanzó una madre en Huyton en 1967 al ver flotar una peonza luminosa. Mientras las luces sigan apareciendo y los informes llegando, la historia entre Merseyside y lo inexplicable seguirá escribiéndose, no en libros de ciencia ficción, sino en formularios policiales y en la memoria compartida de sus testigos. según señalo liverpoolecho

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