Un trozo rocoso, oscuro y pesado, encontrado en las arenas del Sáhara, no es una piedra terrestre cualquiera. Su química lo delata: es un fragmento de Marte, expulsado al espacio por el impacto brutal de un asteroide contra la corteza del planeta rojo, que tras un viaje interestelar acabó su trayectoria en la Tierra. Durante años, los científicos han tratado a estos meteoritos marcianos como reliquias sagradas, sabiendo que su estudio podría desvelar secretos de un mundo distante. Pero cada análisis suponía un riesgo, una destrucción parcial. Ahora, una mirada al interior sin tocarlo ha revelado algo que cambia la narrativa sobre el agua en Marte.
Tecnología que Mira sin Tocar
Durante décadas, el dilema era constante: para aprender, había que destruir. Cortar, pulverizar, disolver. Procedimientos invasivos que, si bien ofrecían datos, comprometían la integridad de muestras únicas. El meteorito NWA 7034, apodado "Black Beauty" o "Belleza Negra", con sus 4.480 millones de años, es uno de los materiales marcianos más antiguos conocidos. Su valor es incalculable. Un equipo de la Universidad Técnica de Dinamarca optó por un camino diferente, empleando una combinación de tomografía computarizada por rayos X y, de forma más crucial, tomografía por neutrones.
Esta última técnica es especialmente sensible a elementos ligeros como el hidrógeno, componente fundamental del agua. Al escanear el meteorito, los investigadores pudieron construir un mapa tridimensional de su interior, observando su estructura y composición sin hacer ni un solo rasguño en la superficie. Fue como leer un libro sin abrirlo.
El Agua Atrapada en un Clasto Microscópico
La imagen interna mostró algo inesperado. Incrustados en la masa rocosa del meteorito, se encontraron pequeños fragmentos, denominados clastos, con una composición distinta. Estos gránulos, que representan apenas el 0.4% del volumen analizado, están formados por oxihidróxidos de hierro ricos en hidrógeno. Son diminutas cápsulas del tiempo húmedo.
Lo extraordinario no es solo su existencia, sino su concentración. A pesar de su tamaño mínimo, estos clastos contienen aproximadamente el 11% del agua total detectada en la muestra. El meteorito en sí ya era peculiar por su contenido acuoso estimado en 6.000 partes por millón, una cifra sorprendentemente alta para un objeto marciano. Este hallazgo sugiere que el agua no fue un mero actor secundario en el Marte primitivo, sino un elemento integrado en sus materiales desde etapas geológicas muy tempranas.
Un Pasado Húmedo que Cobra Coherencia
Los datos de "Belleza Negra" no llegan solos. Resonan con los descubrimientos del rover Perseverance en el cráter Jezero de Marte, donde la evidencia de antiguos deltas fluviales y depósitos de arcilla pintan un paisaje pasado de lagos y ríos. Aunque el meteorito proviene de una región marciana diferente, la convergencia de pruebas es poderosa. Indica que los procesos hídricos pudieron ser más extensos y estar más arraigados de lo que los modelos secos del planeta sugerían.
La investigación, disponible en el repositorio arXiv, posiciona a este meteorito como la muestra natural marciana más completa en la Tierra. Pero su verdadero legado puede ser metodológico. La aplicación exitosa de técnicas no destructivas establece un nuevo estándar. Permite reexaminar otros meteoritos ya en colecciones y prepara el terreno para el análisis futuro de las muestras prístinas que traigan las misiones de retorno desde Marte.
La historia del agua en Marte ya no se escribe solo con imágenes orbitales o análisis in situ. También se lee, letra a letra, en las entrañas intactas de una piedra viajera que cayó del cielo rojo. Cada grano de su estructura cuenta una parte de una epopeya geológica que transforma nuestra comprensión de la habitabilidad planetaria, no como una anomalía, sino como una fase posible en la vida de un mundo.

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