En el corazón de los Alpes suizos, donde la élite global debate el destino de la economía, una conversación derivó hacia un escenario de ciencia ficción distópica. Entre pronósticos financieros y geopolíticos, la voz de Elon Musk se alzó con una advertencia cinematográfica, pero de implicaciones profundamente reales. La referencia no fue a un gráfico de mercado, sino a un icónico thriller de los ochenta, colocando un espejo inquietante frente al avance tecnológico más acelerado de nuestro tiempo.

