Un trazo de pluma sobre papel, un cuerpo desnudo inscrito en un círculo y un cuadrado. Durante cinco siglos, la obra ha seducido como símbolo del ideal renacentista, una fusión de arte y ciencia que parecía cifrada en su propia perfección. Las notas de Leonardo da Vinci, garabateadas junto al famoso dibujo, mencionan un "triángulo equilátero" entre las piernas. La referencia pasó como una mera guía compositiva, un detalle técnico más en un universo de detalles. La verdad, sin embargo, esperaba pacientemente a que alguien la mirara desde el ángulo correcto: no desde el lienzo del artista, sino desde la boca del hombre.
