Un trozo rocoso, oscuro y pesado, encontrado en las arenas del Sáhara, no es una piedra terrestre cualquiera. Su química lo delata: es un fragmento de Marte, expulsado al espacio por el impacto brutal de un asteroide contra la corteza del planeta rojo, que tras un viaje interestelar acabó su trayectoria en la Tierra. Durante años, los científicos han tratado a estos meteoritos marcianos como reliquias sagradas, sabiendo que su estudio podría desvelar secretos de un mundo distante. Pero cada análisis suponía un riesgo, una destrucción parcial. Ahora, una mirada al interior sin tocarlo ha revelado algo que cambia la narrativa sobre el agua en Marte.
