Un experimento pionero con cientos de sensores genera el primer mapa tridimensional de alta resolución del subsuelo volcánico alemán, identificando un vasto reservorio y canales de ascenso desde el manto, lo que redefine la evaluación de riesgos en Europa Central.
En las apacibles riberas del lago Laacher See, en la región alemana de Eifel, la belleza del paisaje contrasta con un pasado geológico violento y un presente que la ciencia comienza a desvelar como potencialmente dinámico. Hace aproximadamente 13.000 años, este cráter ahora inundado fue el epicentro de una erupción colosal, comparable a la del Monte Pinatubo en 1991, que cubrió de cenizas gran parte de Europa. Hoy, un ambicioso proyecto científico ha logrado, por primera vez, obtener una imagen nítida y en tres dimensiones de las entrañas de este complejo volcánico, revelando un sistema magmático activo y redefiniendo la comprensión sobre su estado de reposo.
La investigación, liderada por el Centro Alemán de Geociencias (GFZ) y la Universidad de Potsdam, constituye un hito en la geofísica volcánica. Entre septiembre de 2022 y agosto de 2023, los científicos desplegaron una red sin precedentes de casi 500 estaciones sísmicas en un área de 40 por 40 kilómetros, con una densidad excepcional de sensores. Complementado con un cable de fibra óptica de 60 kilómetros que actuó como un nervio sísmico ultrasensible, este despliegue capturó miles de vibraciones naturales y artificiales, desde microsismos hasta explosiones en canteras.
El análisis de estos datos, potenciado por algoritmos de inteligencia artificial para filtrar y clasificar eventos, ha permitido generar una tomografía sísmica de altísima resolución. "Es comparable a realizar una tomografía computerizada (TAC) del subsuelo con una resolución de dos kilómetros", explica el Dr. Torsten Dahm, director del experimento y coautor del estudio publicado en el Journal of Geophysical Research: Solid Earth. "Por primera vez, podemos visualizar no solo estructuras, sino también procesos".
La arquitectura de un sistema activo: del manto a la corteza
Los resultados pintan un cuadro detallado y revelador. Directamente bajo la caldera del Laacher See, a profundidades que van de los 2 a los 10 kilómetros, los científicos identificaron un cuerpo magmático principal con forma de cilindro inclinado, con un volumen estimado de 75 kilómetros cúbicos. Las ondas sísmicas se comportan de manera anómala en esta zona, un indicio claro de la presencia de material parcialmente fundido (melt) o fluidos magmáticos, en lugar de roca sólida.
Más significativo aún es el descubrimiento de cómo se alimenta este reservorio. Los datos muestran un corredor estrecho, una suerte de chimenea profunda, que se extiende desde la base del reservorio hasta al menos 43 kilómetros de profundidad, adentrándose en el manto superior terrestre. Este conducto actúa como una vía de ascenso para magma más caliente y profundo. Además, el estudio revela que el magma no asciende libremente; sigue caminos predefinidos por antiguas fracturas tectónicas, como la falla Siegen Thrust, que actúan como autopistas geológicas facilitando su movimiento lateral y vertical.
"Las observaciones indican una conexión clara y directa entre las estructuras tectónicas, los caminos de los fluidos y la sismicidad registrada", subraya el Dr. Dahm. La mayoría de los pequeños terremotos que aún sacuden la región se localizan precisamente en los bordes de estas zonas anómalas y a lo largo de las fallas, lo que sugiere movimiento de fluidos y ajustes de tensiones.
Reevaluación del riesgo y nuevas oportunidades
Estos hallazgos tienen implicaciones profundas. En primer lugar, confirman que el sistema volcánico de Eifel no está geológicamente extinto, sino en un estado de quietud (dormancia) con un sistema de alimentación magmática intacto y potencialmente activo. El estudio concluye que la región "conserva el potencial para una erupción mayor", dado que el reservorio ha recibido inyecciones periódicas de material fresco durante los últimos 65.000 años.
El mapa también ha identificado otros depósitos potenciales bajo centros volcánicos menores vecinos, como Rieden y Korretsberg, lo que amplía la zona de vigilancia necesaria. "No podemos predecir cuándo ocurrirá una nueva erupción, pero ahora sabemos con certeza dónde están las estructuras críticas que debemos monitorizar con mayor intensidad", afirma un miembro del equipo.
Paralelamente, la investigación abre una puerta a la energía sostenible. Al cartografiar con precisión las zonas de la corteza superior saturadas con fluidos calientes, se han identificado potenciales recursos geotérmicos de alta temperatura. Este conocimiento permitiría el desarrollo de plantas de energía limpia que aprovechen el calor residual del propio sistema volcánico.
La exitosa tomografía del Laacher See establece un nuevo estándar para la exploración de regiones volcánicas en todo el mundo, especialmente en aquellas consideradas durmientes pero pobladas. Revela que bajo la aparente calma superficial, la Tierra guarda una compleja y lenta actividad que, gracias a la tecnología moderna, ya no pasa desapercibida. La vigilancia continua, fundamentada en este nuevo modelo subterráneo, será clave para convivir con el gigante de Eifel, ahora mejor comprendido, pero cuyo despertar sigue siendo una posibilidad en la escala de tiempo geológico.

No hay comentarios:
Publicar un comentario