Loop Living Cocoon presenta el primer féretro de hongos del mundo, un diseño biodegradable que se descompone en seis semanas y enriquece el suelo, ofreciendo un funeral circular y sostenible.
Introducción: En una época marcada por la crisis climática, la búsqueda de la sostenibilidad ha alcanzado incluso a nuestras últimas moradas. La industria funeraria, tradicionalmente asociada a prácticas con una huella ecológica significativa -desde la tala de árboles para ataúdes hasta las emisiones de CO₂ de las cremaciones- se enfrenta a una innovación disruptiva. Desde los Países Bajos, la empresa Loop Living Cocoon ha desarrollado una solución que no busca mitigar el impacto, sino revertirlo: el "Living Cocoon", el primer ataúd del mundo fabricado íntegramente con micelio de hongos, un diseño que promete convertir el acto del entierro en un gesto de regeneración para el planeta.
Un Diseño Innovador, un Proceso Natural
La tecnología patentada por la compañía holandesa se fundamenta en las extraordinarias propiedades del micelio, la red de filamentos que constituye el "cuerpo" vegetativo de los hongos. Este organismo actúa como el reciclador maestro de la naturaleza en los bosques. Loop Living Cocoon cultiva el micelio en moldes junto con fibra de cáñamo reciclada, permitiendo que la estructura crezca por sí misma en un proceso que solo requiere una semana. El resultado es un capullo sólido, resistente y completamente orgánico, que prescinde de barnices, metales, adhesivos químicos o cualquier material sintético común en los féretros convencionales.

Del Capullo al Suelo: Un Ciclo de Seis Semanas
La verdadera revolución ocurre bajo tierra. Mientras un ataúd de madera tratada puede tardar décadas en degradarse, y uno metálico siglos, el "Living Cocoon" inicia su proceso de reintegración al ecosistema de inmediato. En contacto con la humedad del suelo, el micelio reactiva su función descomponedora natural. En un plazo aproximado de seis semanas, el ataúd y su contenido se habrán convertido en compost rico en nutrientes, facilitando una descomposición más rápida y limpia del cuerpo y contribuyendo activamente a la salud de la tierra. Este proceso, según la empresa, neutraliza toxinas y proporciona un nuevo sustento para la vida vegetal, cerrando el ciclo de manera literalmente orgánica.
Funcionalidad y Adaptabilidad para un Último Adiós
A pesar de su material revolucionario, el diseño no descuida los aspectos prácticos y ceremoniales. El capullo, con sus dimensiones exteriores de 216 x 75 x 45 cm, puede albergar al 95% de la población adulta. Con un peso de apenas 30 kg (frente a los más de 100 kg de un ataúd estándar), facilita su manejo. Incluye seis asas integradas y es compatible con los elevadores mecánicos y sistemas de cables utilizados en los cementerios. La compañía asegura que ha superado rigurosas pruebas de resistencia, durabilidad e impermeabilidad, siendo apto para soportar pesos de hasta 200 kg. Puede almacenarse indefinidamente en un ambiente seco y ventilado hasta su uso.
Una Alternativa para Cada Preferencia
Reconociendo las diferentes preferencias culturales y personales, Loop Living Cocoon ha extendido su filosofía más allá del entierro. Para quienes optan por la cremación, ofrece una urna biodegradable fabricada con el mismo material. Este receptáculo, con un coste de aproximadamente 400 dólares, puede albergar las cenizas y, posteriormente, ser plantado como una maceta orgánica para un árbol o arbusto, permitiendo que la memoria florezca literalmente en un jardín. El ataúd en sí tiene un precio de alrededor de 4.000 dólares, situándose en el rango superior de los féretros ecológicos de alta gama, pero con una propuesta de valor única.

El "Living Cocoon" de Loop Living Cocoon representa más que un producto innovador; simboliza un cambio de paradigma en nuestra relación con la muerte. Propone pasar de una concepción lineal (extraer, fabricar, desechar) a una circular, donde el fin de una vida se convierte en un acto de nutriente y regeneración para el entorno. En un mundo que necesita desesperadamente soluciones regenerativas, esta invención holandesa plantea una pregunta profunda: ¿Podría el futuro de los ritos funerarios no estar en la piedra o el acero, sino en la silenciosa y fértil red de la vida que hay bajo nuestros pies? La respuesta, cultivada en un capullo de hongos, apunta decididamente hacia un renacer ecológico.

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